Milonguero o Bailarín - Revista B.A. TANGO

Nº 204 de la nueva revista B.A. TANGO – Buenos Aires Tango.

Milonguero o Bailarín

Por Roberto Aguirre

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Soy de esos tipos que disfrutan plenamente

la milonga, su magia, fantasía, las

pasiones entrecruzadas, la sana rebelión

al mundo discepoliano, y es muy difícil, casi

imposible diría, que me vean mal o fuera de

la fiesta.

Pero ese día no pude contenerme al escuchar

al coso ese decir “Que buen bailarín es el

Pantaleón”.

Amigo, el Pantaleón no es bailarín, es “Milonguero”,

hay una gran diferencia.

El bailarín se muestra mirando las mesas

cuando baila, necesita saber para quienes lo

está haciendo, porque en definitiva baila para

aquellos que lo miran.

Provoca esa mirada por un motivo muy especial,

es allí donde realmente encuentra el placer

de bailar tango, no en el abrazo, el tango,

la pareja o el baile en sí, por muy bueno que

este sea, sí en que lo admiren.

Necesita público, si descubre algún sector

de mesas cautivados por su baile, es donde

va a desplegar la gran batería de figuras, no

importando ritmo, cadencia ni melodía; son

las llamadas figuras fuera de música.

Si lo observan, se cree el centro del universo,

y como tal le chupa un elemento por donde

puedan circular el resto de los planetas, su

egoísmo suele entorpecer el normal desplazamiento

de las demás parejas, provocando

roces y ocupando más espacio que el disponible,

merecido o ganado en una pista.

No es que haya para algunos un espacio diferente,

cada uno debe darse cuenta de acuerdo

a la cantidad de parejas el espacio que tiene, tratando de no

molestar o lo que es mejor aún agilizar la circulación.

Sucede que a algunos muy buenos milongueros “a veces” se

les hace algo más de espacio simplemente para apreciar y

disfrutar su baile, aún estando nosotros bailando. El bailarín

suele tomar ese mayor espacio sin educación ni pergaminos,

y en su afán de firuletes puede romper el abrazo tantas veces

crea necesario para su lucimiento y hasta algunas veces... el de

su pareja, casi siempre estable.

El milonguero disfruta el abrazo y para que lo rompa antes de

que termine una pieza, mínimo tenés que cortarle un brazo...

o los dos... y, aún así, creo mantendría el mismo con el pecho.

Baila pensando en el placer y lucimiento de su compañera,

que en definitiva es su mérito; es respetuoso de los espacios,

de los otros y, sobre todo, de lo que escucha, jamás baila

D´Arienzo en un Pugliese o viceversa.

El milonguero no necesita pareja fija, toda mina de la milonga

puede ser su pareja, ni coreografía, en cada tanda improvisa

la suya.

El bailarín es posible que haga un papelón con la “Mala Conciencia”,

mina pesada y difícil de llevar como pocas; el milonguero

la acuna en el pecho y despacito, caminando, se la lleva

puesta dormida y feliz, por durazna de tabas que sea.

Si no entendés esto, la opción es Puerto Madero, se come y

baila suelto cualquier ritmo, tango inclusive, pero al Pantaleón

difícil lo veas bailar ahí, el tipo es Milonguero... baila en la

milonga.

Por último para que te quede claro, milonguero es aquel que

en una tanda triste, bailó “Gallo ciego” con los ojos llenos de

lágrimas el 1º de julio del 2005 (*) .

(*) Fecha de la muerte de Carlos Gavito.

El bailarín ocupa espacios sin

educación ni pergaminos

Para el milonguero toda mina

puede ser su pareja

 
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